abr 5, 2016
Laura

¿Por qué hago crowdfunding?

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Foto: Rocío Lara (Flickr)

Hace alrededor de cuatro años se me ocurrió montar un proyecto de enseñanza de escritura creativa para niños y jóvenes. Poco a poco el proyecto ha ido tomando forma (o protoforma) sin apenas recursos. Y cuando digo sin recursos, es sin recursos. Es lo que los ingleses llaman bootstrapping, es decir, emprender con los únicos medios que se tienen. En mi caso, me inventé un personaje, La Doctora Palíndromo y disfrazada con una bata, unas gafas y una regadera empecé a hacer talleres en coles y librerías. Si me sacaba unos euretes los invertía en la web o en hacer unos flyers.

Este año he decidido darle un impulso grande y dedicarme full time a Quijote 360, que así se llama el proyecto. Hace unas semanas lancé una campaña de crowdfunding para sacar adelante el libro “Manual del literato novato”, que recoge todas las ideas de la Doctora Palíndromo y será el primer libro de nuestra editorial dedicada a libros de escritura y a editar a autores muy, muy jóvenes.

¿Por qué me he decantado por el crowdfunding para financiarlo?

Por esto:

http://www.elconfidencial.com/cultura/2016-03-30/espanoles-la-cultura-ha-muerto-fundacion-alternativas-pp-psoe-podemos-ciudadanos_1176110/

Este análisis de la Fundación Alternativas es para echarse a llorar. La cultura está herida de muerte. El IVA estancado en el 21% y los presupuestos de cultura se reducen 400 millones. Han echado el cierre más de 4.000 pymes dedicadas a la cultura. Parece ser que los que nos gobiernan piensan que el sector cultural no necesita dinero. Claro, porque la cultura es algo que no importa. Como la música o la filosofía en las escuelas… Son cosas menores que se pueden eliminar.

Lo que pasa es que la cultura está muy acostumbrada a ser vapuleada, y por eso es subversiva y revolucionaria. Cuanto más la pisan, ella más se empeña en sobrevivir. La cultura no es un complemento, no es un bolso que te pones a juego con los zapatos. No es algo adicional a la existencia, porque es la existencia misma. La cultura sirve para entender la vida. Las películas que vemos y los libros que leemos hablan de lo más profundo que hay en el corazón humano, aunque los protagonistas sean extraterrestres.

Los que piensan que la cultura es un elemento accesorio no nos van a sacar de esta supuesta crisis endémica en la que vivimos. Nada va a cambiar hasta que no se entienda que la cultura sí importa y si se le da alas puede ser una industria soberana y potente. Y mientras no se le da alas… pues hacemos crowdfunding.

Hace unos días estaba Antonio Banderas en El hormiguero y, hablando sobre emprendedores, fue soltando una perla maravillosa tras otra. Esos minutos de entrevista han corrido como la pólvora en redes sociales. Aquí está el vídeo:

https://www.facebook.com/alfonso.sanchez.butron/videos/10154253836962240/?pnref=story

Anchonio, -como decía su ex Melanie-, dijo que en España todo el mundo quiere ser funcionario y en Estados Unidos emprendedores. Sin menospreciar a los funcionarios, por supuesto, la lectura que yo saqué es que hay que calzarse las botas y el mono de trabajo y lanzarse al barro. Hay un dicho que dice “No mud, no lotus”. Así es. Si nos acomodamos en la queja y en decir que las cosas están mal, nunca haremos nada.

Precisamente porque las cosas están mal, tenemos que demostrar todo aquello de lo que somos capaces. Por eso surge el crowdfunding y la economía colaborativa. Ahora que los organismos e instituciones están más quietos que una momia, creo que es el tiempo de las personas. Es el momento de ayudarnos unos a otros y crecer juntos.

En estas semanas he aprendido mucho de eso. Estoy increíblemente sorprendida de todos los gestos bonitos que estoy recibiendo con la campaña del “Manual del literato novato”. Todos los días me llegan mensajes de ánimo. De amigos y familiares, claro, pero también de gente a la que no conozco de nada y se ha volcado con el proyecto. Es alucinante. Creo que no voy a tener días para agradecer tanta entrega. He de reconocer que el caso que me ha hecho más ilusión es el de Rosa Montero. Escribí sin mucha fe a su cuenta de correo para pedirle si podía compartir la información y a los pocos minutos me contesto: “publicado, guapa”. Lo puso en su Facebook y generó decenas de comentarios maravillosos. Casi me desmayo. Qué mujer.

Hay quien dice que el crowdfunding es “pasar la gorra 2.0″. Lo que hay que entender es que no se pide dinero porque sí, no es mendicidad. Se pide para algo. Es igual que cuando en las bodas se les da dinero a los novios para que se vayan de luna de miel o compren la nevera o el sofá. Sacar adelante un proyecto no es fácil y no hay muchos caminos alternativos. El crowdfunding sirve para enseñar un prototipo de algo que quieres hacer y convencer a la gente para que lo pre-compre. Vamos, se pide dinero para poder producirlo, porque de otra manera no saldría. O puede que sí. Porque ya se sabe que los emprendedores somos muy cabezones…

Y como aún quedan unos días para que acabe la campaña, comparto el enlace. No sé si alcanzaré el objetivo, pero lo que he vivido hasta ahora, ya ha merecido la pena:

http://www.verkami.com/projects/14300-libro-manual-del-literato-novato

¡¡GRACIAS!!

 

 

feb 15, 2016
Laura

La creatividad, esa cabrona

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Como os comenté, a principios de año me propuse escribir un cuento cada semana, como decía Ray Bradbury… Escribí uno de un hombre que se encierra en un exsanatorio de tuberculosos a sufrir una catarsis consigo mismo y uno de una abuela obsesionada con bailar y los viajes en el tiempo. El tercero era sobre un hombre que solo piensa en la muerte, pero no terminaba de darle forma a la historia. Hace unos días, me desperté por la noche y tuve una idea genial para terminarlo, para cerrarlo de forma redonda. Pero no la apunté y me volví a dormir. Por la mañana, cuando desperté se había esfumado. Creí que iba a ser como el dinosaurio del microcuento y que iba a estar todavía allí, pero no. ¡Maldita sea!

Y lo peor de todo es que la sentía, así como acomodada detrás de la frente, podía intuir una pelotita de materia gris con esa fabulosa idea, pero no era capaz de sacarla. Casualmente, (spoilers) ayer viendo Mad Men a Paul Kinsey le pasa lo mismo: se le ocurre una idea brillante para un slogan publicitario pero se acuesta etílico sobre el sillón de su despacho y a la mañana la idea it’s gone. Menos mal que está Peggy y Don Draper para sacarle del apuro…

Lección aprendida: las ideas hay que apuntarlas SIEMPRE. Es una putada, lo sé, porque como todos sabéis la creatividad es muy suya y aparece cuando menos te lo esperas: cuando te duchas, cuando vas en el coche, cuando estás buceando en el mar… Cuando nuestro cerebro está en estado alfa, vamos, relajadito y con poca actividad mental.

De esto mismo (y de otras muchas interesantes cosas) habla Aaron Sorkin en una entrevista que sale en el Fotogramas de este mes. “Los escasos momentos en los que escribir va bien, porque son tan raros como geniales, valen por todas las frustraciones. Cuando no doy con la clave me quedo completamente agarrotado. Intento relajarme y recordar que he pasado por esa situación miles de veces y que siempre he salido de ella. Me digo: tranquilo, tandrás una idea. LLegará, tarde o temprano. A veces lo soluciono empezando el día de nuevo. Por ejemplo, me ducho otra vez. Cuando escribo, soy capaz de ducharme seis, siete, ocho veces al día. Otra es cuestión de salir, de airearse. Y muchas veces, la idea me viene justo antes de dormirme, con lo que tengo que ir corriendo a buscar un trozo de papel y un lápiz para apuntarla. Porque, si no, cuando me despierte a la mañana siguiente, no recordaré nada. Una vez lo tengo, intento escribir tan rápido como me es posible, a ráfagas. Casi nunca releo o retoco nada. A veces pulo algún detalle, pero poco. Creo que la energía que dedicas a escribir pasa a la página” dice el guionista de The Newsroom.

El proceso de creación es complejo y apasionante al mismo tiempo, pero yo no vuelvo a dejar que se me escape una idea. Voy a hacer como Rubén Darío que tenía toda la casa llena de libretas por todas partes. Porque, cuanto antes nos demos cuenta mejor: ser es escritor es serlo 24 horas al día, y la creatividad no entiende de lugares y horarios…

ene 28, 2016
Laura

Hacia la excelencia en la escritura

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Hay días que pienso que da igual lo que escriba, que lo que importa es escribir y que todo vale. Hay días, sin embargo, que pienso lo contrario: que no todo vale. Concretamente hoy estoy más en el segundo lado de la balanza. Hace unos días estábamos Ch. y yo tirados en el sofá leyendo y él se partía de la risa: leía el libro de un amigo nuestro que yo no he leído, pero que conociendo su verborrea mental y sus locuras bañadas en sexo, drogas y rock and roll seguro que es bien divertido. Yo, en cambio, no paraba de resoplar. Me estaba leyendo un libro que me recomendó mi madre, que según le había dicho una vecina era muy divertido. Es un libro que ha vendido miles de copias y creo que va como por la octava edición. Y es una mierda. Para mi gusto, claro. Al final manifesté mi indignación en alto y Ch. me preguntó cómo distinguía un libro bueno de uno malo. Es una pregunta cuya respuesta podría dar para una tesis doctoral seguramente, pero lo primero que se me ocurrió es pensar en la intuición y en las sensaciones que te produce. “Sencillamente, este libro parece que lo ha escrito una niña de trece años”, le dije. Y luego pensé que cuando leo una página de Cortázar o de Mario Benedetti me transporto al séptimo cielo. Hay fragmentos de libros que me hacen liberar más serotonina que el mejor de los orgasmos. Puede que esa sea la manera de identificar los buenos libros…

Por eso, hoy estoy del lado del “no todo vale”. El hecho de que me enfadara con la novela insulsa que estaba leyendo es porque me recordaba mucho en el tono a la primera novela que escribí. Y no quiero escribir así. No quiero escribir clichés, ni frases vacías, no quiero personajes insustanciales ni textos aburridos. No quiero ser una escritora mediocre, así de claro, quiero ir en busca de la excelencia. Aquí se impone la pregunta: ¿Es algo que se puede conseguir? Yo creo que sí. Vale, no todos tenemos el talento de los genios, los dioses salpican con él a unos pocos, pero creo que para los humildes mortales la excelencia es dar lo mejor de nosotros mismos. No podemos quedarnos a medias. Si escribo, quiero escribir lo mejor que pueda escribir.

Y para llegar a eso, el camino es el trabajo. Anoche estuve con S. en el teatro y conocimos a José Sanchís Sinisterra (fue un encuentro mágico). Mi querido S. se está preparando un texto suyo y hablamos del tema. Sinisterra le contó el proceso de creación de ese texto y lo contaba con una naturalidad pasmosa. Como si ese escrito se le hubiera caído mientras se lavaba los dientes. Yo pensé que aquel portento de autor podía escribir con esa fluidez porque seguramente ha escrito siete millones de monólogos a lo largo de su vida. Para encontrar una pepita de oro tienes que desechar muchas piedras comunes.

S., que me motiva un montón y siempre tiene razón, me decía que no se puede ser actor sin actuar, ni ser escritora sin escribir. Claro. Ayer también me mandaba un mensaje mi querido C. y me decía que estaba leyendo una biografía de Virginia Woolf y que le recordó a mí por el sentimiento de culpa al no escribir. Es totalmente absurdo querer escribir y no hacerlo. Y ahora veo que también debe de ser un poco cansino para los demás que te escuchen siempre la misma cantinela. Voy a trabajar duro y a buscar mis propias pepitas de oro. Posiblemente no ganaré nunca el premio Nobel, pero tampoco quiero pensar que no he dado lo mejor de mí misma.

Ya lo dijo Aristóteles: “Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito” y también Abraham Lincoln: “hagas lo que hagas, hazlo bien”. Pues eso, amigos. ¿Que queremos? ¿Ser vulgares o sublimes?

ene 11, 2016
Laura

¡Viva el glam y el Bowie que lo parió! (Reflexiones sobre el arte)

David Bowie in 1973

Esta mañana miraba el Facebook mientras desayunaba y alguien publicaba la noticia de la muerte de Bowie. “Vaya, ya estamos con los fakes” he pensado. Pero no, era una triste realidad. Mi amiga A. me escribía por whats app y me decía “he llorado como una niña de dos años”. Yo también he llorado. Pero… ¿por qué lloramos por alguien al que nunca hemos conocido y se vestía como un espantajo? Quizá por eso mismo, porque a muchos de nosotros nos encantaría ir por la calle con una cresta y vistiendo pantalones de lycra con miles de colores; pero no nos atrevemos. Porque Bowie, desde que salió de Brixton siendo David Robert Jones hizo lo que le dio la gana. Porque es un símbolo de libertad y de valentía. Porque era un artista con todas las letras en mayúscula y eso es lo que hacen precisamente los (buenos) artistas: salirse de la norma.

No conocimos personalmente a Bowie, pero es parte de nuestras vidas. Porque eso también lo hacen los buenos artistas: se cuelan en tu biografía para regalarte momentos maravillosos. No puedo decir lo mismo de por ejemplo los políticos y demás gente insulsa. Más allá del “viva el vino” de Mariano Rajoy, pocas anécdotas de los tipos grises me han alegrado el día. Pero los instantes mágicos que me ha regalado David Bowie son infinitos, desde que me perturbó en Dentro del laberinto cuando era pequeña, pasando por creer que el amor puede sobrevolar montañas cada vez que escucho Absolute Beginners hasta hacerme bailar como una loca con Modern love.

Ya lo dijo otro mesías: por sus obras los conoceréis. Y aunque ya no tenemos al duque blanco en la tierra y no podremos cumplir el sueño de verle en concierto, tenemos sus canciones, sus películas, sus imágenes. Porque el arte sobrepasa todas las fronteras, las temporales, las físicas y sobrepasa hasta a la muerte. Ziggy Stardust seguirá vivo para siempre, para recordarnos a todos aquellos que nos queremos dedicar a profesiones artísticas que sí se puede. Que solo hace falta tener huevos para ponerse el mundo por montera, calzarse una boa de plumas y salir a la calle a pisar fuerte.

Son innumerables las lecciones que debemos a Bowie. Llevó al extremo la definición que del arte daba el filósofo Schiller  –”El arte es aquello que establece su propia regla”– y demostró que todo artista tiene que ser un provocador nato. La música, la literatura, el cine, la pintura… han nacido para eso, para provocar, en sus tres acepciones dadas por el diccionario: 1. producir, 2. Irritar y 3. Excitar. Si no has tenido siete orgasmos cantando Starman, es que no tienes sangre en las venas… Porque eso es lo que más produce (provoca) el arte: emociones. Por eso todos hemos llorado esta mañana al conocer la noticia de la muerte del músico inglés.

Y una cosa más podríamos aprender de Bowie: para ser A-R-T-I-S-T-A hay que trabajar incansablemente y reinventarse una y otra vez. Da igual quién te esté juzgando a través de su lupa, siempre hay una careta diferente que puedes ponerte. No podemos olvidar que we can be heroes forever and ever.

ene 3, 2016
Laura

¡¡Escribe, maldit@ bastard@!!

escritor

¡Feliz año, queridos! Como cada año, los primeros días de enero te golpean en la sien para recordarte que la vida pasa y te preguntas qué estás haciendo con ella (o lo que no). En mi caso lo que no estoy haciendo es escribir este blog y hace dos meses que lo tengo abandonado. Pero como cada comienzo de año vuelven los propósitos y las listas y los buenos deseos. Y aquí estoy de nuevo.

Estaba echando un ojo a esas páginas y blogs que leo de escritores y literatura, –Que también tienen, cómo no, sus artículos dedicados al año recién nacido– y me he encontrado en todos ellos consejos de todo tipo para escribir y aumentar la productividad como autor, casi todos avalados por enormes escritores: Stephen King, Hemingway, Virginia Woolf, Edgar Allan Poe… Y todos de alguna manera, dicen lo mismo: escribe todos los días, no pares de escribir.

Es paradójico que una persona que quiere ser escritor no escriba, pero pasa. Es así. Nos despistamos con demasiadas cosas. Ahora que están tan de moda los GIF’s me encantaría que alguien creará uno personal para mí, un gif sonoro que cada vez que me vaya por los cerros de Úbeda me saltara en el móvil y me gritara: “¡¡Escribe, maldita bastarda!!

Pero lo que de verdad me gustaría es no necesitar esa alarma, ni leer artículos para aumentar la productividad como autora. Lo que de verdad me gustaría es que ese impulso me saliera de forma natural, querer estar siempre escribiendo. Que me saliera una úlcera de rabia cuando no pudiera hacerlo… Y hubo un tiempo en que tenía esa sensación. Hoy me he acordado de esa temporada en la que me ponía a escribir sin parar por las noches. Todavía vivía con mis padres, hace más de diez años, y cuando todos se iban a dormir, como buena buhita, me metía en un cuarto que había al lado de la cocina en el que solo estaba una mesa que utilizábamos para comer y la nevera. No distracciones, no ruidos. Y escribía hasta que se levantaba mi madre y me recomendaba dormir un poco…

Ahora mismo estoy en un momento parecido. Estoy sola en casa, otra casa distinta a la de entonces, pero con una mesa similar, redonda también. No hay ningún ruido (afortunadamente mi vecino reggetoniano de abajo me ha dado una tregua) y hay cierto aire mágico en el ambiente, será por la Navidad y los reyes de Oriente que se acercan… Sonrío, como si alguien pudiera verme, y me dejo llevar por la noche.

Sí, el cambio de año produce desasosiego, para que negarlo, por las cosas que quisimos hacer y no hicimos, pero también es esperanza, y como ilusos nos lanzamos, –como cada enero–, a pensar que esta vez va a ser diferente. Y soñamos, y planificamos… Hace un par de años compartí el reto Don’t Break The Chain de Jerry Seinfeld para escribir todos los días. Este año, otro reto, esta vez inspirado en Ray Bradbury, que dijo una vez: No empieces escribiendo novelas novelas. Toman mucho. Empieza escribiendo “una cantidad endemoniada de cuentos”, al menos uno por semana. Toma un año para hacerlo. Bradbury asegura que simplemente no es posible escribir 52 malas historias al hilo.

Así que mi osadía va a ser escribir un cuento cada semana, 52 en total. ¿Lo conseguiré? Quién sabe… mientras tanto, voy a ver si consigo un gif que me diga cuando me distraiga algo así como… “¡¡Escribe, motherfucker!! Escribe Y NO PARES!!!!”

oct 26, 2015
Laura

Sálvaaaameee ven nadaaando a míiiiii

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Estaba leyendo el artículo 15 cosas que diferencian al escritor profesional del escritor aficionado en el blog de Gabriela Literaria (blog hiperrecomendable, por cierto) y me ha encantado la última: el escritor profesional está hecho de adamantio. Juas, juas. Tal cual. Coincido con ella al 100% en esta afirmación. Yo siempre digo que escribir es una profesión de pico y pala o de corredor de fondo. Si de verdad quieres ser escritor, tienes que ser INCANSABLE. De hecho, creo que más allá del talento o la suerte, solo consiguen convertirse en escritores aquellos que son (somos) más tercos que una mula. Yo tengo a mi favor que soy aries y Bermejo, dos factores proclives a la cabezonería, por lo que tengo bastantes papeletas de ir por el buen camino.

Sin embargo, hasta los que nos creemos hechos de adamantio, tenemos días flojos. Es normal. Llega un día en el que harto de recibir hostias y negativas te preguntas: ¿Es el momento de tirar la toalla o puedo aguantar un asalto más? Y entonces es cuando hay que entonar el “saaaalvameeee ven nadando a míiiii” al más puro estilo Bibi Andersen e invocar a aquellos que siempre impiden que te hundas: los AMIGOS FLOTIS. Como diría el pequeño Ralphy Wiggum, “yo siempre llevo flotis” y creo que sin ellos no podría seguir adelante.

Llevo unas semanas quedando con mi querido S. y estar con él es un chute de energía increíble. Escuchándole me parece que no hay nada imposible y creo que sería capaz de escalar el Everest si él me lo propusiera. Por eso hoy dedico este post a todas esas personas que cuando tú tiras la toalla ellos la recogen, te secan el sudor y te dan un empujón hacia la meta. Me siento muy afortunada de tener a mi lado a S., y también a C, y a Ch, y a M, y a M, y a A, y a X…  Por suerte, son muchos los que me acompañan en esta loca odisea de escribir (o del artisteo, en general). Así que nada, muchas GRACIAS, queridos flotis.

Y en el otro lado, también me reconforta pensar que, al igual que yo tengo muchas manos amigas que tiran de mí, yo puedo ser el San Bernardo de alguien. Si alguno de vosotros se encuentra perdido en los Alpes suizos de la escritura, a punto de morir de hipotermia, dadme un silbidito que me planto allí con un barril de brandi colgado al cuello. Aunque solo sea para brindar y emborracharnos por estas metáforas de saldillo que hago… ¡hip! ¡hip!

 

sep 16, 2015
Laura

¿Por qué escribo?

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Este es el primer artículo del ciclo “respondiendo preguntas vitales”, en los que como coach (estaba esperando colar esta palabra tan de moda) de mí misma, me destripo y en un ejercicio de autoantropofagia me jalo (y de paso expongo públicamente) mis sentimientos más íntimos. Hace unos días publiqué en Abcguionistas el artículo Recobrar la motivación después de las vacaciones y en él hablaba de Shawn Tolleson, una coach (otra vez la palabreja) de guionistas que aconseja que cuando no estamos motivados debemos reconectar con nuestro porqué. Lo pongo en mayúsculas porque es la palabra clave de hoy: PORQUÉ. (Así, como sustantivo)

Por eso voy a intentar responder a la primera pregunta vital: ¿Por qué escribo? Y aunque me saldrán cosas espontáneas, tengo que decir que llevo varios días dándole al coco, pensando qué publicar. En realidad, se puede decir que llevo treinta y cinco años meditando sobre ello, pero nunca me había planteado ponerlo por escrito, como sugiere Shawn Tolleson. Ella propone escribir en un papel cuál es tu motivación más profunda para volver a ella cuando estás despistado, como si fuera un faro…

A mi querido L. le he escuchado en alguna clase preguntar a los alumnos por qué quieren escribir, y las respuestas son muy variopintas, lo que demuestra que a todos nos mueven intenciones diferentes. El propio L. dice que escribe porque le da miedo la muerte y quiere dejar algo que le sobreviva para cuando no esté en este mundo. Y aquí viene muy al pelo una frase que, casualmente, subrayé anoche en un libro de Chuck Palahniuk: “La meta no es vivir para siempre, la meta es crear algo que viva para siempre”.

Y yo, ¿por qué escribo? Creo que mi respuesta es: para entenderme y para entender el mundo. Escribo desde que soy muy pequeña y siempre he escrito diarios, tengo decenas. Supongo que es algo que hacemos las personas tímidas y emocionalmente herméticas. Volcar nuestros sentimientos en palabras. Quizá para mí la escritura es una terapia: escribo cuando estoy triste para saber por qué estoy triste, o cuando veo un atardecer y me desborda la belleza, o cuando veo una injusticia y no entiendo por qué el mundo es tan jodidamente asqueroso, o cuando me pregunto si quiero tener hijos, o cuando intento adivinar si me estoy enamorando… Se podría decir que mi porqué es, precisamente, buscar un porqué. Rabelais antes de morir dijo que iba en busca de un gran quizá. Yo diré que voy en busca de un gran porqué… **

** Aunque ahora me voy en busca de un cruasán de chocolate a la cocina, que vaciarse por dentro da mucha hambre.

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"Escribir a pesar de todo, pese a la desesperación" es una frase de Marguerite Duras que me marcó y se ha convertido en una especie de lema. Es la frase que da nombre a este blog y es toda una declaración de intenciones. Todo se resume en escribir, escribir, escribir...